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Frittatine di pasta — croquetas napolitanas de pasta
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Fuente: https://recipheon.com/es/recetas/aperitivos/frittatine-di-pasta-croquetas-napolitanas-de-pasta
Sobre esta receta
Las frittatine di pasta son un aperitivo napolitano de pasta envuelta en una capa fina y crujiente. En esta versión casera, los bucatini se mezclan con una bechamel muy espesa, jamón cocido y guisantes, y después se enfrían a fondo. Así el interior adquiere firmeza y puede cortarse en piezas regulares sin deshacerse. La mezcla se extiende en un molde rectangular y se divide en doce cuadrados, aprovechándola entera sin recortes. Cada pieza se sumerge en una masa sencilla de harina de trigo tipo 550 y agua, y se fríe en tandas pequeñas. No se añade huevo, pan rallado ni queso: la bechamel aporta cremosidad al interior y la cobertura queda delicada. La receta rinde seis raciones de dos croquetas. Lo mejor es servirlas tras un breve reposo, con la cobertura todavía crujiente y el centro caliente y tierno.
Ingredientes
Pasta y agua de cocción
180 g de bucatini secos de sémola de trigo duro, sin huevo; se utiliza toda la pasta cocida y escurrida
2000 g de agua para cocer la pasta, sin sal; el agua separada de la pasta al escurrirla no se sirve
Toda la bechamel, el jamón y los guisantes
350 g de leche al 3,2 %, pesada, no 350 ml
45 g de mantequilla sin sal con un 82 % de grasa, de los cuales 5 g son para los guisantes y 40 g para la bechamel
45 g de harina de trigo seca tipo 550 para la bechamel
100 g de jamón cocido listo para consumir, prosciutto cotto, peso neto sin envoltura no comestible, en dados pequeños, no carne de cerdo cruda
100 g de guisantes verdes desgranados congelados, peso neto antes de cocinarlos, sin salsa
50 g de agua pesada para cocinar los guisantes; se utiliza todo el contenido del cazo sin escurrir
3 g de sal fina para toda la mezcla de pasta
0,5 g de pimienta negra molida
Masa para cubrir las croquetas
150 g de harina de trigo seca tipo 550 para la cobertura; la mezcla sobrante después de cubrir las croquetas no se sirve
200 g de agua fría pesada para la cobertura
1 g de sal fina para la cobertura
Aceite para freír
800 g de aceite de girasol alto oleico neutro apto para freír, pesado; el aceite que queda en la olla y en el papel tras la fritura no se sirve
Pasos
Prepara un molde poco profundo de unos 18 × 24 cm interiores, forrado con papel de horno, un cazo para la bechamel y una olla para la pasta. Para freír necesitarás una olla estable de unos 18 cm de diámetro y al menos 12 cm de alto. Separa 5 g de mantequilla para los guisantes y 40 g para la bechamel. No prepares harina adicional para espolvorear, grasa para el molde, huevos, queso ni pan rallado.
Derrite 5 g de mantequilla en un cazo pequeño y añade todos los guisantes congelados y los 50 g de agua pesada. Tapa y cocina suavemente unos 5–7 minutos, hasta que estén tiernos. Al final destapa y evapora el líquido libre sin quemar los guisantes. Añade los 100 g de jamón cocido y calienta aproximadamente un minuto más. Conserva todo el contenido, incluida la mantequilla y los jugos; no escurras ni añadas aceite.
Hierve los 2000 g de agua pesada sin sal. Parte los bucatini secos en tres, añade los 180 g completos y cuécelos aproximadamente un minuto menos del tiempo al dente indicado en el paquete. Escurre alrededor de un minuto sin enjuagar; no añadas el agua de la olla a la mezcla. Pasa toda la pasta a un cuenco y córtala con cuidado con tijeras de cocina en tramos de unos 2–3 cm. Utiliza toda la pasta cocida, sin pesar ni desechar un supuesto excedente.
Derrite los 40 g de mantequilla restantes en un cazo. Añade 45 g de harina tipo 550 y remueve a fuego bajo unos 2 minutos, sin dorar. Vierte poco a poco los 350 g de leche, batiendo enérgicamente para deshacer los grumos. Lleva a un burbujeo suave y cocina unos 4–6 minutos, removiendo constantemente el fondo. La salsa debe quedar muy espesa: la espátula ha de dejar un surco visible y la mezcla debe caer de ella en porciones pesadas, sin fluir como la leche.
Añade a la pasta toda la bechamel caliente y todos los guisantes con el jamón, la mantequilla y los jugos restantes. Incorpora los 3 g de sal y 0,5 g de pimienta pesados. Mezcla bien, rebañando el cazo y el fondo del cuenco para unir todos los trozos de pasta. La mezcla debe quedar compacta y cremosa, sin un charco separado de líquido. No añadas queso, huevo ni leche adicional y no escurras ninguna parte del relleno.
Pasa toda la mezcla al molde preparado y nivélala presionando firmemente con la espátula, hasta formar una capa uniforme de unos 2–2,5 cm. Rebaña todo el cuenco; no hace falta engrasar el papel. Deja reposar unos 20–30 minutos, hasta que deje de desprender mucho vapor, luego tapa y refrigera al menos 3 horas. Antes de cortarla, debe estar fría en todo su grosor y suficientemente firme para conservar la forma.
Justo antes de freír, mezcla 150 g de harina tipo 550 con 1 g de sal. Añade poco a poco los 200 g de agua fría, batiendo hasta obtener una masa lisa, espesa pero fluida, sin grumos. No añadas huevos, levadura química ni pan rallado. La mezcla debe dejar una capa fina y continua en la espátula; remuévela de nuevo antes de cada tanda. No frías por separado los restos de masa sin utilizar.
Saca la placa fría levantándola por el papel y colócala sobre una tabla. Retira el papel, divide el lado corto en tres y el largo en cuatro: obtendrás doce cuadrados de unos 6 × 6 cm. Aprovecha toda la mezcla, sin recortar círculos ni desechar los bordes. Si se desprende alguna esquina, presiónala de nuevo sobre su propia pieza. Mantén en el frigorífico las croquetas que esperan su turno para que no se ablanden en la encimera.
Vierte los 800 g de aceite en la olla estrecha preparada; debe formar una capa de unos 3–4 cm, claramente por debajo de la mitad de su altura. Calienta a fuego medio. Una gota de masa debe flotar y chisporrotear enseguida de forma clara y tranquila, sin humo ni oscurecimiento brusco. Coloca al lado un plato seco con papel absorbente y una espumadera. No introduzcas utensilios mojados ni viertas agua en el aceite caliente.
Saca del frigorífico solo dos cuadrados por tanda. Sumerge cada uno con cuidado en la masa, sosteniéndolo por debajo con un tenedor o una espátula seca, y deja que el exceso vuelva al cuenco. Cubre todas las caras con una capa fina y continua, sin acumulaciones gruesas. No los pases por pan rallado. La mezcla sobrante tras cubrir las doce croquetas queda fuera del plato servido; no la viertas en el aceite.
Desliza con cuidado dos piezas cubiertas en el aceite, alejándolas de ti. Fríe unos 4–6 minutos por tanda, girándolas con suavidad una vez que la cobertura se haya asentado, hasta que todas las caras estén doradas y crujientes y el centro bien caliente. Regula el fuego para que no se oscurezcan de inmediato. Al sacarlas, deja que el aceite recupere el calor. Fríe así seis tandas; con las pausas, tardarás unos 35–45 minutos en total.
Saca las croquetas con la espumadera, mantenlas un instante sobre la olla y pásalas al papel, sin apilarlas. Espera unos 2–3 minutos antes de comer, porque el centro está caliente. Sirve las tandas a medida que estén listas, tras un breve escurrido y reposo. Sirve seis raciones de dos piezas, sin salsas ni coberturas adicionales. El aceite de la olla y del papel no forma parte de las raciones. Guarda los restos enfriados en el frigorífico dentro de las 2 horas y consúmelos en 2 días; recalienta a 180°C unos 12–15 minutos, hasta que el interior esté caliente.
Nutrición estimada
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